Alejandro Sánchez Herrera
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«El archipiélago canario», por Inoue Enryō

«El archipiélago canario», por Inoue Enryō

La traducción presentada a continuación corresponde a un breve texto del filósofo japonés Inoue Enryō, que en 1912 registró su corta visita a la isla de La Palma durante uno de sus múltiples viajes por todo el mundo. Este fragmento en concreto se ha extraído del diario de su tercer viaje, en el que se recogen 95 entradas y cuatro apéndices, y de las cuales esta sería la número 55, dentro del capítulo 7, «Diario de la ruta transatlántica hacia Sudamérica».

Después de detenerse en puertos de Francia, España y Portugal, Inoue llega a La Palma en una escala previa a São Vicente (Cabo Verde), rumbo a Sudamérica. Cuando su barco arriba al puerto de Santa Cruz de la Palma, Inoue redacta sus observaciones respecto a lo que ve allí. Entre sus observaciones anota, también, breves poemas en base a lo que le inspiran sus experiencias, con aclaraciones propias sobre el significado de los versos.


55. El archipiélago canario

Levamos anclas a las cuatro de la tarde. Ya en pleno océano, una brisa agradable nos acompaña y evita que el calor se haga presente. Por la noche, el reflejo de la luna llena nos alcanza desde el horizonte, en una belleza que resulta trascendental y que conmovería a quien la observara. En momentos así, resulta una labor imposible no recordar el candor del hogar.

«Fervor del periplo, emociones opuestas:
Bajo el plenilunio, altamar y mal de tierra.
Céfiro otoñal, círculos en la noche.
Salud al poniente, en pos de la dicha».

(Aunque este viaje me entusiasma sobremanera, reconozco aún que mis sentimientos penden en vaivén entre la alegría y la tristeza, tanto más si presencio la luna llena, en cuyo caso me embriaga una profunda sensación de nostalgia. Incluso esta misma noche, bajo el rumor de los vientos otoñales, recuerdo con añoranza cómo nos sentábamos formando un corro, para brindar con ímpetu de cara al oeste, y rezar por una vida larga y próspera).


  • Domingo, 3 de septiembre:

Está despejado. Durante todo el día solo hemos visto mar. No hemos divisado nada más por los cuatro costados. Cuando se hace de noche, me regocijo con la belleza de la luna llena.


  • Lunes, 4 de septiembre:

Llueve. Durante toda la mañana hemos oído varios truenos y ha comenzado a llover de repente. En toda la mañana nos hemos encontrado con un único barco de vapor.

14:00:
Hemos llegado al puerto de la isla de La Palma, una isla importante del archipiélago canario. La forma de la isla es relativamente similar a la de Hachijōjima: un triángulo con zonas montañosas a ambos lados (más pequeñas por la parte este, y al contrario por la parte oeste) unidas entre sí por una zona desértica. Las ciudades de la isla también siguen esta misma división: la del levante es la ciudad portuaria, y la del poniente la capital. Las casas son, por lo general, de apenas dos pisos de alto.

Aunque estamos en un territorio próximo a África, pertenece en realidad a España, y así se refleja por completo en sus ciudades. Una parte significativa de la población es de descendencia española, con sangre mestiza. Su pelo es de color granate y son un tanto más morenos que nosotros, los japoneses, aunque conviven aquí junto a los descendientes de los esclavos1.

En esta isla se cultiva principalmente fruta, además de tabaco. Los vendedores se acercan en pequeños vapores y se congregan después alrededor de nuestro barco. Exponen sus mercancías, incluyendo textiles, en la cubierta para comerciar con los demás pasajeros. Este continuo paseo, en el que los pequeños vapores vienen, sus tripulantes suben a bordo y nos dan la bienvenida, o bien animan a los pasajeros a ir a la costa en botes, hace que el bullicio impere de forma inusual.

Para cargar carbón, anclamos aquí el barco a las diez de la noche. Esta isla está a unos 1300 kilómetros2 de Lisboa y la temperatura es de unos 29 grados3, así que no hace tanto calor como en Lisboa. Aquí es donde vienen los europeos de vacaciones durante la época de invierno. En lo alto de sus montañas no crece vegetación y todas las plantas que veo son tropicales y se hallan a lo largo de los caminos. El puerto tiene forma de arco, tanto en la parte derecha como en la izquierda.

«Planicie de arena abrazada por montañas.
Hogares congregados a la vera del mar.
Hogar, también, el que anhela quien observa
las olas romper en el Atlántico y más».

(Las montañas de ambas partes se unen en una planicie de arena, y las casas se agolpan, unas tras otras, frente al mar y a lo largo del arco que compone el puerto. ¿Quién no pensaría en el hogar, al contemplar en solitud las olas que surgen en el océano Atlántico?).

«Isla solitaria entre bravo oleaje.
A la tarde, anclaje y cabos,
y cerca botes de fruta. A su paso,
pregones como ondas en el mar».

(Una isla aislada, en mitad de las grandes olas del mar, a la que el barco arribó cuando el cielo estaba despejado. Los botes de fruta recorren la costa, mientras los clamores de la mercancía se posan sobre las aguas).


Notas al pie:

1.  El término que se emplea aquí (黒奴, kokudo) es un compuesto formado por 人 (kokujin, «persona negra») y 隷 (dorei, «esclavo»), que en este caso hace referencia a la historia de esclavitud africana en la isla de La Palma durante los siglos XV y XVI. 
2. 700 millas náuticas (mn) = 1296 kilómetros (km).
3. 85 grados Fahrenheit (ºF) = 29 grados Celsius (ºC).


Título del original japonés: 「南半球五萬哩」
Título en español: Cincuenta mil millas por el hemisferio sur
Editorial: Hinoeuma Shuppansha (丙午出版社)
Fecha de publicación:
—Primera edición: 10 de marzo de 1912
—Cuarta edición: 20 de agosto de 1917
Publicación en Aozora Bunko: 29 de agosto de 2011
Transcripción: 門田裕志
Corrección: 仙酔ゑびす
Traducción al castellano: Alejandro Sánchez Herrera

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